Tres canallas que ni se arrepienten, ni devuelven las armas, ni reconocen el dolor causado a la sociedad española, aparecen vestidos con una indumentaria cobarde, como seres desprovistos de espíritu y de alma, y anuncian el “cese definitivo de la confrontación armada”. Eta no se ha rendido, ETA ha ganado. La monarquía de partidos nos ha engañado una vez más. Los partidos, que se adueñaron de la identidad nacional española tras la Transición, han mercadeado con nuestros territorios y nuestra historia.
Hablan de convivencia, pero en el País Vasco no la hay. Aguantan allí los que son como ellos (los canallas) o los que callan con la resignación que enseña el miedo. El miedo ha triunfado. El presunto Estado de derecho, cacareado por unos y otros “líderes” políticos, ha sido ultrajado. Para tal fin se creó el Tribunal Constitucional, para que los partidos políticos pudieran anular las sentencias del Tribunal Supremo, que tendría que ser, y no lo es, el más alto tribunal del ordenamiento jurídico. Bildu no debió nunca llegar a las instituciones. Debemos este hecho infame a los magistrados del TC propuestos por PP, PSOE y sus socios. Todos ellos son los responsables.
Primero nos venden una conferencia de “paz” con invitados de arena y cheque. Un sólo día después la trama se culmina. Zapatero se felicita. Rajoy se enorgullece. Rubalcaba aplaude. Unos y otros dirigentes felicitan a su “democracia” inexistente, la misma que nos ha acostumbrado a vivir sin libertad política colectiva, la misma que nos deja indefensos ante las garras de un Estado de desecho. ¡Embusteros! ¡Farsantes! ¡Cobardes! En verdad teméis que se os acabe el chollo. Necesitáis un triunfo, pero no para el pueblo español, sino para vuestro sistema de coacción. España lleva cuarenta años enterrando a compatriotas... ¿Quién se acuerda hoy de ellos? Se estarán revolviendo en sus tumbas.
Y he aquí la verdad que ayudará a comprender la trama y sus causas. La democracia sólo puede serlo en forma “res-publicana”. Su Constitución habría de garantizar la separación de poderes, la libertad política colectiva y los derechos fundamentales de los ciudadanos, auténticos ostentadores de la legitimidad de la nación española. La Constitución del 78 ha servido justo para lo contrario; ha unificado los poderes legislativo, ejecutivo y judicial al servicio de los partidos políticos y sus intereses de oportunidad y ha negado el derecho al pueblo español a ser representado por personas físicas en vez de personas jurídicas con siglas. Por eso ETA entra en el juego de la mal entendida “convivencia”. Ellos saben que ya no necesitan asesinar porque el propio Estado ha practicado el haraquiri a su nación. ETA sólo actúa por interés, y nunca por clemencia o arrepentimiento, esto nos lo ha enseñado la historia. Su única aspiración es el totalitarismo. El Estado de monarquía de partidos ha aceptado ese fin como “legítimo” en pro de la ¡¡¡convivencia y la democracia!!!, ¡¡¡terrible contradicción!!! Y los españoles, espectadores frustrados ante el destino que otros nos imponen, nos preguntamos cómo podremos recuperarnos de esta traición.
No nos falta razón para la indignación, pues si le damos la vuelta a la tortilla, nos daremos cuenta de que no ha sido ETA la que ha abordado el navío del sistema, sino que ha sido el sistema el que ha dejado entrar a ETA. Y es que por más que nos pese, el Estado de partidos no alberga principios como la libertad, la representación o la separación de poderes, sino que guarda un sólo fin: la impunidad indefinida para la corrupción y la mentiras, los herramientas de un negocio llamado política. Incluso ETA se ha podido beneficiar de esto.
Paco Bono










